Con paciencia e insistencia a partes iguales, después de 2 años, hoy nos sentamos a conversar con Ramiro.
¿Quién es Ramiro Martínez?
Pues empezamos con una pregunta nada fácil de responder, quizás la más comprometida y personal. Normalmente lo definen a uno, no uno así mismo, pero si tengo que contestar, diría que más bien me define la partitura que tengamos que interpretar juntos. Como un músico que tiene la capacidad de adaptar el tempo, género y estilo de la interpretación musical, en función de las circunstancias, para que el público esté conectado en todo momento con la melodía y, si hace falta, sea capaz de tararearla y continuarla haciéndola suya, convirtiéndola en una obra más plena si cabe.
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Siguiendo el símil, la música requiere de autodisciplina, exige de tiempo, perseverancia, orden, coordinación, pero también de sensibilidad y corazón para convertirse en arte, como nuestro proyecto de RSC en Julián Soler “VIDARTIS”.
Me identifico con esos atributos musicales que le debo a mis padres, quienes además de inculcarme valores como la capacidad de trabajo, tolerancia y respeto, también me iniciaron de muy joven en la música, faceta que tengo aparcada desde hace tiempo, aunque el acordeón sigue siendo mi instrumento fetiche y todavía anda por casa. Algún día…
Tras 19 años trabajando en otro grupo industrial, ¿Qué te animó a liderar el proyecto de JULIAN SOLER?
En ocasiones, uno va creando a lo largo de los años, de manera más o menos inconsciente, las circunstancias propicias para que hasta las cosas más inverosímiles sucedan.
Salir de la zona de confort, concepto del que tanto se habla, siempre es difícil por las implicaciones personales y familiares que todo cambio supone, sobre todo en la fase inicial, pero quien bien me conoce sabe que soy músico de concierto, persona de proyectos, que necesita, para sentirse pleno, que la música no pare y mantenerse en continua actividad, otra de las expresiones que creo me definen.
Los 19 años inmediatamente anteriores a mi llegada a La Manchuela conquense, han sido un privilegio que me han permitido crecer como profesional de la mano de un grupo líder y management personal de alta exigencia, y sin lugar a duda, con gran agradecimiento a todos los que me acompañaron en mi etapa anterior y cuando la melodía de ese proyecto ya pudiera sonar sola, estar preparado para liderar nuevos desafíos.
La partitura que planteaba JULIÁN SOLER S.A. reunía las claves y notas musicales necesarias para empujarme a un nuevo proyecto o concierto, pues mantenía similitudes con mi etapa anterior, como son la reputación y responsabilidad de ser empresa líder dentro de su sector, la predisposición al cambio y a la mejora continua, la ilusión y compromiso de todos los integrantes de la orquesta… pero un elemento diferencial que me animó finalmente a dar el paso: un pentagrama en blanco que rellenar aun llevando más de 50 años en el mercado! Puede haber algo más retador?
Eres el CEO de JULIÁN SOLER desde hace más de 2 años. ¿Cómo ha sido tu experiencia a lo largo de este período?
Qué rápido pasa el tiempo. Podría definir la experiencia de estos 2 años como muy intensa profesionalmente hablando y, a su vez, muy gratificante desde el punto de vista personal.
Participar en el proceso de profesionalización iniciado hace unos años por JULIÁN SOLER como empresa familiar, para fortalecer su continuidad y que siga proporcionando riqueza a la sociedad, uno de los compromisos de nuestro fundador, en una responsabilidad con la que me veo plenamente identificado, y que, pese a las dificultades propias, me está haciendo disfrutar de cosas que son impagables, como la fidelidad de mi equipo.
JULIÁN SOLER es un ejemplo de empresa familiar profesionalizada. ¿Cómo es trabajar en una empresa con esta estructura?
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Mi experiencia me ha convertido en un firme creyente de las empresas familiares, tanto cuando los propietarios familiares deben actuar dentro del management operativo o dar un paso atrás y ejercer presión e identidad desde el Consejo de Administración o Junta de Accionistas.
Cierto es que, a diferencia de otro tipo de empresa, en las empresas familiares siempre tienes esa presión extra emocional, máxime cuando además el nombre de la sociedad lleva el apellido familiar, como es el caso de SOLER. No obstante, tienes una familia a tu lado, que no sólo lucha contigo, sino que son los primeros en ir al frente si hace falta.
La dificultad puede aparecer cuando los valores que impregnan la gestión de la alta dirección externa a la familia son muy diferentes de los valores familiares que han llevado a la empresa a lo que es hoy en día o, por el contrario, la familia no respeta la necesaria autonomía de que debe disponer la alta dirección en su toma de decisiones para el correcto desempeño de sus competencias y cometido.
En empresas donde hay socios trabajadores de segunda y tercera generación como en JULIÁN SOLER, es más importante si cabe que alta dirección y propiedad estén alineados en valores, así como el saber cambiarse de chaqueta por parte de la familia según el tema a tratar. Si se hace bien, como creo es el caso, la gestión de la empresa sale mucho más reforzada. Aquí tendría múltiples anécdotas con algunos de los socios trabajadores con los que suelo viajar para visitar proveedores, clientes, asistir a ferias, pero no lo vamos a contar todo en esta entrevista, no?
¿Qué logros destacarías de estos 2 años y cuál ha sido el mayor hándicap a que te has enfrentado?
Si tuviera que resumir, diría que el mayor logro sería la adecuación de la estructura organizativa de la empresa a la realidad de la actividad y necesidades operativas y de negocio actuales.
Esta reorganización del organigrama de competencias, junto con la pasión del equipo y la creación y organización de espacios de diálogo horizontal entre los distintos departamentos, nos está permitiendo marcar una diferencia considerable en nuestros clientes y proveedores, ofreciendo unos resultados a la altura.
Hemos crecido de forma rentable y orgánica, año tras año, incluso en las circunstancias de mercado más exigentes. Hoy en día, seguimos siendo una empresa líder en el sector del mosto concentrado a nivel mundial, con una cifra de negocio en el entorno de los 70 millones de euros, una plantilla de 80 empleados fijos y 35 discontinuos, y con inversiones productivas en los últimos años que totalizan cerca de 10 millones de euros.
El mayor hándicap lo tengo muy marcado y tiene fecha. El pasado 23 de Julio de 2024, con el fallecimiento a los 92 años de nuestro fundador Don Julián Soler Marqués. No por ser ley de vida y, en cierta medida por edad, esperado, dejó de suponer un momento de gran tristeza. Ha sido la primera vez desde que estoy en JULIÁN SOLER que decidimos parar fábrica sin parada planificada, en señal de respeto y cariño de todos sus empleados, de su otra familia que pocos meses antes seguía disfrutando de su visita a planta.
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Esos días, de gran carga emocional, me di cuenta de que la vida finalmente es justa y que si te esfuerzas acaba premiándote, aunque sea en tu despedida. Nunca he visto nada igual. Gracias a todos por las muestras de cariño y respeto.
Su empresa familiar es su legado, la huella junto con sus hijas, que nos ha dejado de su paso por este mundo, de su concepción de que la empresa debe tener vocación de servicio a la sociedad. Su compromiso es hoy responsabilidad de todos los que formamos JULIÁN SOLER, empleados, familia y accionistas.
¿Cómo ves el sector del mosto concentrado? ¿Cuáles dirías que son las tendencias del mercado?
Sin lugar a dudas, el sector del mosto concentrado lo veo como un sector de futuro, ya no sólo por la necesaria diversificación mosto/vino en el destino final y deseable equilibrio del potencial vitivinícola castellano-manchego, y que fue ya a mediados de los años 60 el germen de la actividad inicial de JULIÁN SOLER como concentrador pionero en España, sino por otros posibles usos finales y desarrollos que están por venir.
Ahora bien, para garantizar el futuro del sector, es necesaria la coordinación y planificación de todos los actores involucrados desde la base, desde la materia prima, con especial importancia al papel del mundo cooperativo, del que también soy creyente como con la empresa familiar, y que de igual forma requiere de un proceso de profesionalización. Aquí es importante la labor que está desarrollando la entidad Cooperativas Agro-alimentarias Castilla-La Mancha y su Escuela de Negocios, con programas de formación específicos para la empresa cooperativa.
El futuro no se asegura con nostalgia ni con miedo a cambiar. Se asegura con decisiones estratégicas y planificación, y no sólo con promoción de uno u otro producto.
En cuanto a las tendencias de mercado, podríamos enumerar las tendencias generales del sector de la alimentación y bebidas que no son para nada ajenas a las que los clientes cada vez más exigen a nuestros concentrados de zumo de uva, es decir productos más saludables, de calidad certificada, sostenibles, 100% auténticos, libres de alérgenos, etc, pero seguro has escuchado la expresión “cada uno cuenta la feria según le va en ella”, por lo que permíteme invitarte a suscribirte a nuestro #NothingButGrapes News de nuestra web o seguirnos en Linkedin para tener información actualizada e informes de campaña made in Soler.
¿A qué retos se enfrenta JULIÁN SOLER en los próximos años? ¿Alguna sorpresa o petición para este 2025?
Como hemos podido comprobar en los últimos cinco años, nadie es capaz de predecir el futuro, y mucho menos en empresas con presencia internacional en más de 60 países como JULIAN SOLER. A buen seguro, los retos irán cambiando, al igual que nuestra capacidad de adaptación lo deberá seguir haciendo.
Lo que sí tenemos claro es que seguiremos con el foco puesto en el fruto de la vid 100% auténtico.
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Apostar por la uva es reforzar el patrimonio agrícola, gastronómico y la identidad cultural de nuestra región Castilla-La Mancha.
En un sector tan competitivo, hoy en día destacar no es una opción, es una necesidad. Destacar en el buen sentido de la expresión, sin prepotencias, sin egos, con respeto, con foco en la calidad, estando cerca de nuestros proveedores, más de 300 agricultores, 60 cooperativas y bodegas privadas, y de nuestros clientes, quienes ya han descubierto que en SOLER ya no sólo viaja el mosto. Pronto ya llevaremos 4 continentes en poco más de dos años para conocer cómo se puede obtener el mejor producto y facilitar la solución más adecuada a la industria.
Un reto externo y constante de adaptación al mercado y de educación al mismo sobre nuestro producto, y un reto interno de digitalización y asunción de los preceptos de la inteligencia artificial en nuestros procesos, y que ya estamos trabajando en JULIÁN SOLER. No queremos equivocar el cruce donde muchas empresas quedan atrapadas: entre lo que fueron y lo que podrían ser.
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Eso sí, sin perder el foco en lo importante, en lo que sustenta el negocio, las PERSONAS. Seguiremos celebrando nuestro “Annual Meeting”, que permite alinear objetivos personales y profesionales de las personas que formamos la empresa. Para que todos sigamos tomando decisiones en nuestro día a día, en el nivel correspondiente y nos sintamos importantes y realizados. Si una única persona toma las decisiones, el resto del equipo se desmotiva. Una empresa así tiene fecha de caducidad.
En cuanto a sorpresas, novedades para este 2025, si te lo cuento ya no sería sorpresa. Ya se irán desvelando. Arranco el año dando las gracias, con la intención de estar cerca de mis empleados, clientes y proveedores que han confiado en nosotros desde el principio para agradecerles su apoyo. Al 2025 y siguientes, sólo le pido mantener siempre la sonrisa.
Antes has mencionado como hándicap el fallecimiento del fundador y Presidente emérito de la compañía, D. Julián Soler Marqués, el pasado mes de Julio.
¿Cuáles son los valores que os ha transmitido y que se siguen fielmente en JULIÁN SOLER?
Creo he mencionado la visión de D. Julián Soler de la empresa como vehículo de servicio a la sociedad. La defensa del poder de las empresas para trabajar en pro del bien común. Su compromiso de siempre, hoy es nuestra responsabilidad, y sus múltiples valores, que impregnan el quehacer diario en la empresa, fueron el centro de atención en el pasado “Annual Meeting 2024 – Mirando al futuro desde nuestros valores” en el que pudimos reconocer a D. Julián como Presidente Emérito de la compañía.
Si tuviera que resaltar algunos, destacaría aquellos valores que han propiciado el crecimiento del negocio: honestidad, credibilidad, calidez en el trato y proximidad, en los que quizá no se enfatiza en las escuelas de negocio, pero que hay que aprender a apreciar en el día a día.
D. Julián nos ha demostrado que cuando te guías por el corazón también puedes alcanzar la rentabilidad. Un negocio debe aspirar a serlo, pero no a costa de cualquier precio. Nuestro compromiso es seguir sumando y mirar al futuro con esperanza.
Por último, desde un punto de vista más personal, cuéntanos alguna anécdota o momento especial que hayas vivido en JULIÁN SOLER.
Aquí me viene a la mente una anécdota durante el pasado 1 de Mayo de 2024. El día 1 de Mayo es una fecha de gran significado para nuestra empresa, que llevamos celebrando con nuestra plantilla y familiares en JULIÁN SOLER desde 1975, junto con nuestros principales proveedores y representación política local. Por cierto, este año estamos de aniversario. 50 años celebrando el 1 de Mayo!
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En 2024 asistí con mi mujer y dos hijos y, tras la tradicional comida con más de 150 personas, se realizó un concurso de preguntas con opciones de respuesta tipo Kahoot, donde grandes y pequeños participamos. Para sorpresa, en la última pregunta hicieron una relativa a mi alimentación. Contextualizando, suelo concentrar mi jornada laboral sin parar a mediodía, salvo compromiso que requiera salir fuera de fábrica a comer, lo que no significa que no me alimente cuando me quedo en planta, pero soy consciente de que la no visibilidad del momento genera al menos curiosidad por parte de los compañeros. La pregunta en cuestión fue ¿De qué se alimenta el gerente de JULIÁN SOLER? y recuerdo que mi hijo pequeño, en connivencia con otros niños, intentó sonsacarme una respuesta que no tenía, pues no había preparado yo el concurso. El resultado fue que erró en su respuesta y estuvo una semana diciendo que no podía ser esa la respuesta, que él me conocía mejor.